... Para El Fin...

lunes, 5 de abril de 2010

Silencio





Para poder decirte lo que ansío

busco lo más sutil, lo más celeste,

lo que apenas se acerque al alba pura

de iniciar su existencia,

sin haber sido herido

ni por una mirada

ni tampoco por nadie imaginado.



El aroma del sueño,

la estela sin color que va quedando

cuando la nube avanza,

la oración que se eleva de la espuma

al nacer y morir,

la queja que pronuncia la corola

cuando vuela el rocío

o el íntimo gorjeo

del agua que abandona su venero:

no pueden ayudarme

porque ya están violados sus secretos

y opacan la avidez

del solo intento de querer pensar

lo que anhelo decirte.



No hay palabra, ni canto de paloma,

ni roce, ni suspiro, ni silencio,

que puedan expresar la frase virgen

con que yo quiero hablarte.

Es idioma que traigo sumergido

en estado naciente, inmaculado,

que lucha atravesando mis tinieblas

como la luz de estrellas ignoradas

que viene, desde siglos, descendiendo

para tocar la tierra…

Así es la profunda voz sedienta

que llevo atesorada

como raíz de antigua resonancia

en mi marino caracol de entraña,

y que vive conmigo, desde siempre,

brotando del amor inapagado

del amor primitivo de otros seres

que amaron antes, con el mismo amor,

y prosiguen en mí

fundidos en espera

enamorando aún lo inalcanzable.



Para poder decirte lo que anhelo

me falta lo inasible, lo perfecto,

y al no poder tenerlo:

con sombras duras, con dolor desnudo,

con el creciente caos de mi delirio

y el humo intacto del callar que oprimo,

escarbo el pozo donde entierro a solas

la forma del intento,

el inmóvil temblor

de quererte expresar los inexpresable.

 
Elías Nandino

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